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El Liderazgo del entrenador: Establecimiento óptimo de objetivos

Hoy vamos a tratar un tema muy importante en el desarrollo individual y grupal de los jugadores y equipos, el establecimiento óptimo de objetivos.

Primero definamos el término, ¿qué es un objetivo? Es el fin último al que se dirige una acción concreta.

Para establecer correctamente nuestros objetivos, tanto individuales como grupales, vamos a centrarnos en el modelo MARTE, acrónimo formado por los siguientes adjetivos que ha de tener un objetivo para que sea óptimo:

  • Medible: Nuestro objetivo ha de poder ser cuantificable. Si no podemos medirlo, no existe. Yo puedo medir cuantos pases con el interior doy en un partido, pero no la intensidad con la que juego.
  • Alcanzable: Si mi objetivo no es alcanzable, posiblemente tanto yo como mi jugador, sufra lo conocido como indefensión aprendida, es decir, que cualquier cosa que ocurra en el campo o que yo haga, no me va a acercar a mi objetivo. Por tanto necesitaré saber que por difícil que este objetivo sea, puedo llegar hasta él, por mucho esfuerzo que cueste. También es importante que estos objetivos dependan de los jugadores o del cuerpo técnico, ya que si estos dependen de los demás, nunca serán alcanzables; se podrán cumplir por otros factores, pero realmente no dependerán de nuestro desempeño.
  • Realista: Para que un objetivo sea realista necesita que conozcamos nuestro entorno o el entorno en el que se mueven los jugadores, ya que lo que para unos jugadores puede ser fácil o cercano por su situación, para otros no.
  • Temporal: Comerse un elefante de un bocado es difícil, incluso se podría decir que imposible, ¿verdad? Pues muchas veces nuestros objetivos son así de irracionales. La fórmula para poderles dar racionalidad, aparte del resto de puntos, es temporalizarlos, ya que si yo corto a cachitos un elefante, seguro que nos resulta más fácil comérnoslo.
  • Específicos: Este adjetivo posiblemente sea el más difícil de desarrollar según en qué contextos, como son los deportes de equipo. Pero sin embargo es el punto más importante de todo el MARTE. El punto que nos va a hacer progresar y mejorar en nuestro desempeño. Han de ser por tanto contextualizados y adaptados al contexto, ya que si nuestros objetivos no son específicos, podríamos decir que no sirven para nada.

Además de este modelo MARTE, hay unas cuantas pautas que nunca debemos de perder de vista a la hora de establecer objetivos:

  • Realizar los objetivos siempre de forma positiva. Cuando un jugador escucha el NO inicial hace que deje de escuchar el resto del mensaje, además de que generalmente, cuando hablamos en negativo, no damos explicaciones de lo que realmente queremos, sólo lo hacemos de lo que NO queremos.
  • Verificar el entorno y tamaño del objetivo. Debemos de tener en cuenta que todo objetivo va a tener unos costes y beneficios, pero muchas veces no evaluamos esos costes, y cuando estos son superiores a lo esperado pueden hacer que el jugador o equipo caiga en la desesperanza de no llegar hasta ellos.
  • Siempre mejor a corto plazo. El feedback es importantísimo, saber cómo está siendo nuestro desempeño va a ser el mejor reforzador que podamos tener tanto para nosotros como para nuestro equipo, como hablábamos antes de la temporalidad, comernos un elefante puede ser desmoralizador o desmotivador, ya que hasta que lleguemos a comérnoslo entero no sabemos si lo hemos hecho bien o mal, sin embargo, cuando nuestro objetivo está más cerca y es a corto plazo, el feedback que de él obtenemos, sea positivo o negativo, nos impulsa a mejorar o seguir en la línea de trabajo fijada.
  • Han de ser consensuados. El que participa en la toma de decisiones se compromete con la acción. Los objetivos han de ser en la medida en la que se puedan consensuados, ya que cuando un objetivo es impuesto, puede perder su carácter motivador, haciendo percibir al jugador el objetivo como algo que no le ayude a mejorar, sino como una obligación. Por tanto, será de vital importancia que los objetivos tengan parte elegida por todos los miembros de un grupo, en el caso de ser colectivos, o por el entrenador y el jugador en el caso de ser individuales (en este caso el entrenador con el tiempo y aprendizaje solo debería de apoyar, y no instaurar estos objetivos).

Por tanto, un objetivo tiene que ser el final de un camino a recorrer, camino que ha de seguir y disfrutar, con unos patrones concretos que le hagan ser estimulante, alentador, tentador, exigente, retador, motivante, inspirador, y tantos adverbios y adjetivos positivos como se nos ocurran. En concreto hay dos palabras que para mí hacen que estos objetivos sean precisamente óptimos, y son las que se refieren a la inspiración y a la motivación. Si estos objetivos son propuestos y consensuados por el entrenador buscando inspirar a los jugadores a que se generen motivos para lograrlos, no estará haciendo otra cosa que beneficiarse de la motivación de estos con la acción. Es decir comprometiéndoles y motivándoles a llegar hasta el final para que así, todos consigan los objetivos, entrenadores y jugadores, individual y colectivamente.

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